domingo, 18 de marzo de 2018

Perro Mundo

La mano 'virgen'

Por: César Augusto Dávila


Ahora que la certeza de la corrupción flota sobre el barro de las 'imprevisiones', acude a mi mente el recuerdo de cierto paseo en yate que disfrutamos un grupo de periodistas, allá por los sesenta, gracias a la cordial invitación de una agencia publicitaria.

Una vez hechos a la mar, el extrañadísimo gordo David Odría, anunció bajo el palo mayor, un sorteo de 'cosillas', como licuadoras y cámaras fotográficas 'de cajón nomás', para los sapos.

Frente a un ánfora 'chocolatera' de las que se usaban para cantar la quina, el buen gordis solicitó a voz en cuello: "!A ver!... ¡Una mano virgen!"… a lo cual, de inmediato Arturo 'Apanao' Morales respondió también en alta voz: "¡No hay!"… con la consecuente autoconfesión del carcajeo.

Y entonces quedó sobre el tapete la bíblica historia de los diez 'zanahorias', que pidió a Noé -para suspender el Diluvio-  el buen Jehová, que, a la hora de ajustar cuentas, era más 'verde' que el tío Elidio  que ahora ronca en lares trujillanos.

Así conminado el cocho Noé, que además de haber inventado el vino, bailaba tolaca de  vez en cuando, según sacros relatos, salió a peregrinar, buscando a esa década de feligreses más castos y santurrones que mi bróder Rafael Rey. Y… Nelson Pinedo, mi estimado. No encontró ni unito… ni con cabito de vela, por lo cual el buen Señor, desató un chubasco de la gran seven, abriendo los celestiales caños, desagües included, para que no te la pierdas, compadre.

Pero cotejando estos hechos, saltando la garrocha todos los tiempos y testimonios, hemos de concluir, pues que 'mano virgen', sencillamente, 'no hay', conforme proclamara en su  momento, mi llorado hermano 'Apanao', hombre-espectáculo de 'El  Mercioco', que debe estar vacilándose a la franca con los 'mataores' del más allá.

En lo que respecta al yate y el sorteo, recuerdo que no me gané nada. Y como encargaron la chocolateada de la urna a una sensacional chibola en bikini, ya al final del cuento, me ofrecí a llevarla a casita, en mi 'veloz corcel' súper sport de aquellos dichosos días.

Naturalmente, los envidiosos –que nunca faltan- murmuraron que "era un levante más del pendenciero de Perro Mundo". Y nel, carreta. Solo se trató de un cortés viajecito, mientras le explicaba a tan deslumbrante nena, la importancia histórico-cuchuflética, de una inexistente 'mano virgen'.

Tiempo después, ella se casó y hasta me invitó a la boda… ¡para que sufran los ayayeros!

 

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