domingo, 11 de marzo de 2018

Los constructores del Antiguo Egipto

Pirámides, tumbas y majestuosos templos para reyes y dioses son el grandioso legado que nos han dejado los arquitectos y constructores del antiguo Egipto.

Pirámide de Kefrén


La construcción de las grandes pirámides de Gizeh fue una empresa titánica. La de Kefrén es la segunda en tamaño y la única que conserva parte de su revestimiento de piedra caliza.

En el antiguo Egipto, la arquitectura no podía concebirse sino al servicio de la religión. Los arquitectos, como los escribas, pintores, escultores o médicos, adquirían sus conocimientos en las «casas de vida», escuelas adscritas a los templos y centros culturales que dictaban las normas a seguir en todas las disciplinas. Ello explica que los arquitectos ostentasen títulos religiosos, a menudo más importantes que el de su actividad constructiva.
Además, los arquitectos
a cargo de las obras de la realeza se ocupaban de proyectar tumbas y santuarios, y, como indicaba su cargo, eran «directores de todas las obras del rey». Ello incluía la planificación de presas y canales,  y elección de las piedras más idóneas para las colosales estatuas del faraón.

 

Colosos de Memnón: dos enormes estatuas del faraón, erosionadas por el tiempo. Der.: Templo funerario de Luxor.

Ese condicionante religioso se manifestaba en todos los campos del quehacer arquitectónico.Los templos, considerados como «la casa del dios», estaban impregnados de un alto contenido espiritual –no compartido con el pueblo, ya que el acceso a los santuarios siempre estuvo vedado al conjunto de los fieles–.Las tumbas, reales y civiles, eran consideradas «casas de eternidad», ya que, en sus capillas, el ka o aliento vital del difunto recibía las ofrendas necesarias para su supervivencia en el Más Allá. También las casas particulares tenían un componente religioso. Por ejemplo, los obreros del faraón que vivían en el poblado de Deir el-Medina disponían de una habitación en la que rendían culto a sus ancestros familiares, la misma en la que tenían lugar los nacimientos, con lo que se creaba una continuidad entre vivos y muertos tutelada por la divinidad.


Amenhotep hijo de Hapu, representado como un escriba. Der.: retrato de Amenhotep III en la tumba del escriba real Haemhet.

La paternidad de las construcciones no se atribuía a los arquitectos, sino al rey. Eran el faraón y la diosa Seshat –esposa de Thot y, como este, deidad de la escritura y los cálculos– quienes marcaban sobre el terreno los límites del futuro santuario. Las construcciones eran ofrecidas a los dioses por el faraón, como obra personal. 

Aunque en la historia egipcia se menciona a muchos arquitectos, solo algunos alcanzaron auténtico renombre. Hemyunu ostentó los títulos de 'hijo real', 'visir' y 'director de todos los trabajos del rey'. Èl se hizo enterrar en la gran mastaba de Gizeh, cerca de la pirámide de su señor.

En el Imperio Nuevo, durante la dinastía XVIII, el arquitecto Ineni tuvo una dilatada vida profesional, ya que proyectó obras bajo los reinados de los faraones Amenhotep I, Tutmosis I, Tutmosis II, Tutmosis III y Hatshepsut. Para esta última reina construyó la tumba de mayor longitud excavada en el Valle de los Reyes. Otro arquitecto, Sen-en-Mut, construyó para la reina su templo funerario en Deir el-Bahari, además de ser el preceptor de la princesa Neferure.

Otro personaje de la arquitectura fue Khaemuaset, cuarto hijo de Ramsés II y segundo de la reina Isetnofret, que ostentó el título de Gran Jefe de los artesanos de Ptah, la máxima jerarquía del clero de Menfis. Proyectó las primeras galerías del Serapeum de Menfis, lugar de descanso de los sagrados bueyes Apis, y restauró las pirámides del Imperio Antiguo, y se le considera el primer egiptólogo de la historia.


Templo de Seti en Abydos, centro del culto a Osiris, Seti I, terminado por Ramsés II, en el que se grabó una lista de todos los reyes de Egipto.

Pero inguno de ellos logró nunca igualar la fama de dos arquitectos que con el tiempo llegaron a ser deificados: el primero es Imhotep, arquitecto del rey Djoser durante la dinastía III, y el otro es Amenhotep hijo de Hapu, director de los trabajos del rey Amenhotep III, durante la dinastía XVIII. Él construyó para su rey un grandioso recinto funerario en cuyo interior se elevaban al cielo seis gigantescos peldaños: la primera pirámide escalonada levantada en Egipto que, junto al resto del recinto, es la más antigua construcción del mundo hecha en piedra labrada. El diseño de algunas de sus columnas prefiguraba, a dos mil años de distancia, el orden dórico griego, y tan insólita era la arquitectura de este recinto que cuando Cecil M. Firth lo descubrió en 1924 pensó que se trataba de una obra grecorromana. En el templo ptolemaico de Edfú, construido miles de años después, una inscripción relata que el santuario fue edificado según las directrices milenarias de Imhotep. Su tumba, todavía no descubierta, sigue siendo el objetivo principal de muchas misiones arqueológicas que operan en las arenas de Saqqara.

Más de mil años después, Amenhotep concibió el templo de Luxor, bajo el reinado de Amenhotep III, en la dinastía XVIII, edificio que fijó el canon definitivo del templo egipcio. Él fue el encargado de elegir los bloques de cuarcita roja en la cantera de Gebel el-Ahmar, con los que se esculpirían los famosos Colosos de Memnón, que presidieron el templo funerario de Amenhotep III, la moderna Luxor. Por ello fue premiado por el rey con un templo para su culto funerario, privilegio solo reservado a los faraones y a contadas reinas. El ilustre arquitecto murió a los 80 años, una edad extraordinaria para la época.

Fuente: National Geographic


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