Piolinadas

Compartimos con ustedes este mensaje recién llegado

La mejor forma de despedirse de este mundo.

 





 DIÁLOGOS DE PAREJAS

Él: No sé por qué usas sostén; no tienes nada que poner en él.
Ella: Tú usas calzoncillos, ¿no?

Él: Me amas solo porque mi padre me dejó una fortuna.
Ella: No, querido. Yo te amaría sin importar quién te la dejó.

Ella: ¿Cómo es que vienes a casa medio borracho?
Él: No es mi culpa; se me acabó el dinero.

Él: Cinco centímetros más y sería un rey.
Ella: Cinco centímetros menos y serías una reina.

Ella: Seguro que has estado tomando con tus amigos.
Él: ¿Acaso quieres que chupe con mis enemigos?

Él: Salgamos a divertirnos esta noche.
Ella: Buena idea. El que llegue primero deja la luz de la entrada encendida.

Él: ¿Por qué nunca me dices cuando tienes un orgasmo?
Ella: Lo haría pero nunca estas ahí.

Él: ¿Ensayamos una posición diferente esta noche?
Ella: Buena idea: Tú planchas y yo me siento en el sofá a ver televisión.

Él: Todo el día viendo programas de cocina y nunca preparas algo rico.
Ella: Tú te la pasas viendo programas pornográficos, ¿y…?

Él: ¿Qué haces con este hombre en nuestra cama?
Ella: Como tú dices que no sé hacer el amor, estoy buscando una segunda opinión

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Un matrimonio circulaba en su vehículo por la cordillera alpina sin decirse ni una palabra debido a una pelea que acababan de tener, y sin ninguna perspectiva de reconciliación. Mientras pasaban por una hacienda donde había varias mulas y cochinos, el esposo sarcásticamente preguntó:
- ¿Familiares tuyos?
- Sí, mis suegros.

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Escrito en la pared del baño de damas:
"Mi esposo me sigue a todas partes"
Debajo:
"No es cierto: no lo hago"

(Autor anónimo)


Memorias de un feo


Cuando nací, el doctor fue a la sala de espera, y le dijo a mi padre: “Hicimos lo que pudimos… pero nació vivo.”

Mi mamá no sabía si quedarse conmigo o con la placenta.

Como era prematuro me metieron en una incubadora... con vidrios polarizados.

Mi madre nunca me dio el pecho porque decía que solo me quería como amigo. Así que en vez de darme el pecho, me daba la espalda.

Es por eso que debo haber quedado petiso, tan petiso que en lugar de ser enano, soy profundo.

Siempre fui muy peludo. A mi madre siempre le preguntaban: “Señora, a su hijo ¿lo parió o lo tejió?”

Mi padre llevaba en su billetera la foto del niño que venía cuando la compró.

Pronto me di cuenta que mis padres me odiaban, pues mis juguetes para la
bañera eran un radio y un tostador eléctrico.

Una vez me perdí. Le pregunté al policía si creía que íbamos a encontrar a mis padres. Me contestó: “No lo sé; hay un montón de lugares donde se pudieron haber escondido.”

Y para colmo era muy flaco, tan flaco que un día metí los dedos en el enchufe y la electricidad erró la patada.

Era realmente flaco: para hacer sombra tenía que pasar dos veces por el mismo lugar.

Pero mi problema no era ser tan flaco sino ser feo. Mis padres tenían que atarme un trozo de carne al cuello para que el perro jugara conmigo.

Sí, amigos yo soy feo, tan feo que una vez me atropelló un auto y quedé mejor.

Cuando me secuestraron, los secuestradores mandaron un dedo mío a mis padres para pedir recompensa. Mi madre les contestó que quería más pruebas.

Tuve que trabajar desde chico: trabajé en una veterinaria, y la gente no paraba de preguntarme cuánto costaba yo.

Un día llamó una chica a mi casa diciéndome: “Ven a mi casa que no hay nadie.” Cuando llegué no había nadie.

A mi mujer le gusta mucho hablar conmigo después del sexo. El otro día me llamó a casa desde un hotel.

El psiquiatra me dijo un día que yo estaba loco. Yo le dije que quería escuchar una segunda opinión. “De acuerdo, además de loco es usted muy feo”, me dijo.

Una vez cuando me iba a suicidar tirándome desde la terraza de un edificio de 50 pisos, mandaron a un cura a darme unas palabras de aliento. Solo dijo: “En sus marcas, listos...”

El último deseo de mi padre antes de morir era que me sentara sobre sus piernas. Lo habían condenado a la silla eléctrica... 


(Autor anónimo)

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