miércoles, 13 de mayo de 2020

La higiene en la época incaica


La historia poco conocida
Escribe: José Luis Vargas Sifuentes

Muy sorprendidos deben haberse quedado los primeros conquistadores que llegaron a nuestras tierras al conocer las costumbres higiénicas de nuestros antepasados incas y el cuidado que brindaban a sus cuerpos, cosa contraria a lo que ocurría en Europa que entonces no destacaba precisamente por esos hábitos.
Todos los cronistas que testimoniaron la vida en el Incario coinciden en destacar las leyes y ordenanzas que lo regían, una de las cuales disponía que los integrantes de cada familia debían mantener un estricto aseo corporal y de su vestimenta, además de mantener limpia su casa y en buen estado los campos de cultivo que les correspondían.
Periódica e inopinadamente, las familias eran visitadas por el llaqtacamayoc o llactacamayu (autoridad o dirigente vecinal) de la zona para inspeccionar sus casas y sus campos. Quienes cumplían las normas eran premiados y halagados en público y los que no las cumplían eran obligados a lavar su cuerpo de pies a cabeza, y después tomar el agua de lavado en público, como castigo y escarmiento.
En ocasiones, el castigo para los “perezosos, sucios y puercos que no tienen cosa limpia; sucios de cabeza y de la cara, de la boca hediondo, de los pies y manos y de la ropa que traigan” iba acompañado de cien azotes de huaraca y la obligación de beber pócimas nauseabundas”, como lo detalla Guamán Poma en su ‘Nueva Coronica y Buen Gobierno’.
En su ‘Comentarios Reales’, Garcilaso de la Vega refiere que la ley domiciliaria obligaba a los vecinos a comer a puertas abiertas para que los llactacamayu pudiesen entrar libremente e informarse sobre la vida familiar y observar el orden, la limpieza y buen arreglo de las casas.
Las autoridades visitaban las casas “para ver el cuidado y diligencia que así el varón como la mujer tenía acerca de su casa y familia, y la obediencia, solicitud y ocupación de los hijos. Colegían y sacaban la diligencia de ellos del ornamento, atavío y limpieza y buen aliño de su casa, de sus alhajas, vestidos, hasta los vasos y todas las demás cosas caseras”, dice Garcilaso. “A los que hallaban aliñosos premiaban con loarlos en público, y a los desaliñados castigaban con las penas que la ley mandaba”.
Dice también que los palacios y casas de las autoridades contaban con baños de piedra de cantería finamente decorados para el uso particular; existían fuentes en los barrios y manantiales alrededor de las ciudades a disposición de las personas, que llevaban aguas a sus casas en recipientes de arcilla o se bañaban en estos lugares.
En su obra ‘El señorío de los Incas’ Cieza de León cuenta: “En los palacios de los Ingas había muchas cosas que ver, especialmente unos baños muy buenos, adonde los señores y principales se bañaban estando aquí aposentados… Hay asimismo en muchas partes grandes baños, y muchas fuentes de agua caliente, donde los naturales se bañaban y bañan.”
Y añade: “Cuando hacía calor se iban a bañar por la redonda de la ciudad en los ríos que había y aun sin calor se bañaban y bañan los indios, y para proveimiento de los moradores había fuentes pequeñas, las que ahora hay…”
Bartolomé de las Casas dice que “había también baños comunes para que todos se provechasen yentes y vinientes”.
De las Casas, Cristóbal de Molina y Sarmiento de Gamboa detallan la forma en que los incas celebraban las fiestas del huarachikuy, en la que los jóvenes eran reconocidos como adultos; y de la situa o citua, en las que el baño colectivo formaba parte del rito.
La situa, que se celebraba en varias épocas del año, era una especie de ceremonia de purificación para, mediante ritos, invocar a los dioses que protegiera la salud del Inca, impidiera el desarrollo de epidemias y echara del pueblo todas las enfermedades y males de la tierra.
Para la oportunidad, los indios se  levantaban a medianoche con lumbres y se iban a bañar, y decían que con aquello quedaban “limpios de toda enfermedad”.
En cuanto a las mujeres, en nuestro libro ‘La sexualidad en el Imperio de los Incas. Costumbres conyugales de los antiguos peruanos’ recordamos que ellas, de la nobleza y del pueblo, se preocupaban mucho de su apariencia personal, mostraban el rostro limpio, y lucían maquillajes y diversos afeites en los ojos y alrededores.
Lavaban sus largas cabelleras en una caldera con agua y yerbas (la raíz del chuchau o maguey, principalmente) para mantenerlas sedosas.
Todo esto demuestra que nuestros ancestros incas eran más higiénicos que gran parte de nuestros contemporáneos. Un ejemplo de lo muchos que debemos aprender de ellos.


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